¿Una vela más en el altar?

En esta semana se presenta la celebración de día de muertos. Ésta temporada en que se celebra a la muerte, viéndola como una amiga, como una realidad a la que todos los seres humanos vamos a llegar en algún momento de nuestra vida.

En este tiempo se busca reencontrarse con la muerte, creer en que después de la vida existe un mundo que nos permite visitar a los vivos y recordar las gratas experiencias que se tuvieron mientras la sangre aún corría por las venas, los placeres de comer y los vicios que nos persiguieron, que quizá nos dieron muerte, pero que al final del día disfrutamos. 

Hay variantes entre las familias sobre cómo llevar a cabo éstas tradiciones. Sin embargo, es un buen momento para reflexionar sobre qué caracteriza la vida, ¿qué es vivir?

Así como muchos tienen la posibilidad de brindar un homenaje a sus queridos difuntos, hay miles de personas que no pueden decir lo mismo.

En este caso, es necesario preguntarse si las personas desaparecidas deberían tener un lugar en el altar. ¿El ponerlas en el altar sería una forma de perder las esperanzas asumiendo que han muerto o sería una forma de poder atraerlas lo suficiente para sentirlas más cerca? México reporta 4,960 personas desaparecidas únicamente en 2020. El 18% de las 77,171 personas no localizadas desde 1964 han desaparecido en los últimos dos años.

Por otro lado, tenemos a todas las mujeres que han sido privadas de la vida por el simple hecho de ser mujeres. Para todas ellas, ¿será suficiente el cempasúchil para devolverlas a su hogar? En los primeros nueve meses de 2020, a pesar de estar en pandemia, en México se han registrado 704 feminicidios. Impresionante, casi 200 feminicidios menos que el año pasado en las mismas fechas. Pero respecto a las mujeres que han sido víctimas de homicidio doloso, de enero a septiembre de este año se han denunciado 2 mil 150 casos.

Todos éstos datos son oficiales, lo que quiere decir que se refieren a los que son reportados.

Sin embargo, recordemos que la cifra negra, es decir, los delitos que no se han denunciado, es de 93.5%. Es decir, lo más seguro, es que éstos datos refieran a únicamente el 6.5% del problema real.

Este año ha tenido varias fatalidades, entre ellas las emergencias sanitarias y las muertes derivadas de la misma. Pero, a pesar de ello, las indagaciones de familias buscando a sus desaparecidos, de los colectivos pidiendo respuestas, de mujeres muriendo, sigue en aumento.

Pensemos en esa esperanza inmensa que los colectivos de búsqueda presentan buscando a sus desaparecidos hasta debajo de las piedras.

El volver a casa obtiene un nuevo valor, el saber dónde está, el saber qué pasó, obtiene un valor mucho mayor que incluso el preguntarse el quién fue o porqué fue. 

A muchos de nosotros nos puede doler la pérdida de un ser querido, el asistir a su entierro y el vivir el duelo, pero pensemos en aquellas personas, que no tienen ni la menor idea en dónde está su ser querido, que no saben si están vivos o han muerto, que no pueden vivir un duelo por que realmente no lo hay. Aquella incertidumbre que se convierte en el día a día de varias personas en el país.

La incertidumbre y el miedo se convierten en una realidad que termina acompañando el día a día de miles de mexicanos. Es entonces que me pregunto ¿esto no es estar muerto en vida? ¿Qué valor se le da a la vida?

vivir con miedo, es vivir sin libertad

Por:  Ameyalli Amador

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.

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