Sobreviviendo como seres sociales

Desde hace ya varios meses, los pobladores del territorio representado por un águila devorando una serpiente, y en general todos los habitantes de América Latina y el resto del mundo, nos hemos visto involucrados con la necesidad de implementar una medida única en su tipo para sobrellevar nuestro día a día: aislamiento y distanciamiento social. Eficaz para cumplir su objetivo de prevenir la propagación del virus, pero difícil de realizar debido a que se enfrenta con una barrera histórica que impide su cumplimiento al 100%; como lo es para diferentes cuestiones de la existencia, esta barrera es la naturaleza humana.

Las investigaciones realizadas recientemente con respecto a los efectos adversos que “el encierro” actual provoca en la salud de las personas que se auto someten al mismo han dejado en claro una cosa; el ser humano no puede vivir bajo un aislamiento prolongado. Actitudes que deben ser combatidas, como el sedentarismo, aumentan su prevalencia en la población, incrementando riesgos a la salud que involucran desde los ámbitos físicos, que incluyen el metabolismo, hasta malestares y padecimientos mentales que son provocados por la anulación de la interacción social como el estrés y la ansiedad. Mantener el aislamiento conlleva por sí mismo una elevación a los riesgos que una persona puede tener para contraer e incluso agravar una enfermedad no transmisible o un trastorno mental. Irónicamente la salida más amplia para huir de una enfermedad implica cerrar las puertas que nos permiten escapar de otras. Aun así debemos esforzarnos por mantener la calma para distanciarnos de las demás personas, al menos por un tiempo (aunque éste sea más largo de lo que quisiéramos).

La filosofía antigua no es indistinta en cuanto a este fenómeno; pensadores de antaño como Aristóteles definen al “hombre” o el ser humano como un ser social por naturaleza. Requerimos el uno del otro más allá de lo que nos puede comprometer el decir esta frase; nos requerimos a un nivel evolutivo: nos necesitamos para sobrevivir. Desde el inicio de nuestra historia, el hombre, en su lucha por adaptarse, forma comunidades y sociedades para no quedar mal parado en el camino y poder caminar con pasos sólidos en este terreno fangoso rumbo a la conservación del linaje; coexistiendo uno al lado del otro, avanzando como un conjunto.

Todos para uno y uno para todos. La realidad, comprobada científicamente por la biología y la historia, es que un individuo perteneciente a la raza humana no tiene la capacidad de subsistir por su propia cuenta… cada eslabón es indispensable en la cadena de la vida del ser humano; sin uno de ellos la cadena dejaría de ser cadena, sin uno de nosotros se disminuye nuestro conjunto y por lo tanto nosotros, como personas, nos vemos mermados… disminuidos también. Quizá con eso en mente dejaremos de implementar medidas, pensamientos y acciones egoístas para alimentar nuestros días de vida, buscando una mejor convivencia y prosperidad futura para la especie. Sobreviviendo un día más a la vez.

Por: Leonardo Zuazo

Leonardo Zuazo es un estudiante de medicina del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Agradecido con la vida y motivado por vivirla; la salud es su pasión y está determinado a ayudar a las demás personas a mejorar sus hábitos compartiendo el conocimiento que adquiere día con día. Empatía, paciencia, transparencia y esfuerzo cotidiano son los valores con los que ha pavimentado el sendero por el cual camina y sobre los cuales cimienta los pilares de su formación académica y profesional. Con ideas revolucionarias y novedosas busca tomar conceptos abstractos de la medicina y transformarlos en ideas digeribles para el lector que le sean de utilidad para comprender la manera en la que existe y convive con su entorno.

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