Pilares de la bioética

Pilar, como sustantivo, es definido como aquel elemento arquitectónico vertical que provee de soporte a alguna estructura para que no caiga, víctima de la gravedad. El significado subjetivo de la misma palabra permite trasladarla hacia otros contextos que no sean de arquitectura propiamente; una columna que sirve de base para sostener algo no tangible como si se tratara de una de las cincuenta que mantienen al Partenón de Atenas en pie. Hablemos de los conceptos que erigen a una de las ciencias más importantes y esenciales para el estudio de la medicina humana: la bioética.

Una de las primeras cosas que te enseñan al estudiar esta carrera es saber distinguir entre los 4 pilares que atan la vida, la salud y la ética. Tan antiguos como la disciplina misma, quedaron inscritos para la posteridad con el único objetivo de que todos los que pretendemos ser trabajadores de la salud en algún momento de nuestras vidas las conservemos dentro de nuestros conocimientos. Son una guía de los motivos éticos que deben respetarse antes de tomar una decisión que tenga que ver con la vida de otra persona. Les contaré de qué se tratan estos pilares…

El primero de ellos; autonomía. Este habla de la capacidad que tiene todo ser humano de tomar decisiones por su propia cuenta; recordar su concepto nos obliga a todos a salvaguardar la autonomía de las personas, ya que esto representa que respetas y reconoces su forma de pensar y las experiencias que han vivido, aun cuando no sean similares a las propias. Apoyarte en la autonomía permitirá proteger a quien ha perdido la facultad de decidir sobre si mismo. Número dos, beneficencia. Actuar siempre en beneficio y únicamente en beneficio de los demás. Promover su bienestar. El tercero habla de la no maleficencia; primero no dañar o primum non nocere. Tal como suena, no provocar daño a la integridad de los individuos como primer y único acercamiento hacia ellos. Por último y el que más me gusta por su complejidad filosófica, lo que representa y ha representado para la sociedad mundial a través de todos los tiempos: la justicia. Habla del equilibrio entre el daño y el beneficio, simbolizada desde la antigua Roma por la diosa Iustitia cegada por una venda y sosteniendo una balanza a lo alto. La justicia es ciega ante los juicios morales que pretenden hacernos creer mejores a otros. Qué es lo que alguien necesita, por qué lo necesita y qué provecho es el que recibe una persona son las preguntas que se deben contestar al hablar de la justicia; siempre considerando la equidad como estandarte.  

Pero, ¿por qué estoy hablando de esto? ¿Cuál es la relevancia? Lo explico porque quiero mostrar una cara de la moneda que regularmente no es tomada en cuenta, quiero mostrar la realidad en perspectiva; mi perspectiva. Últimamente han diluviado críticas hacia lo que “el otro” representa, ya sea que el médico “no está cumpliendo con su labor, ¿dónde quedó la vocación?” o “es que el paciente no deja de salir de su casa aun sabiendo que el virus puede resultarle mortal” entre muchos otros falsos argumentos que he escuchado por ahí. Es muy fácil ver a alguien externo a tu existencia y desconocerlo como igual, sin embargo nuestro deber como personas que conforman una especie es obligar a nuestros pensamientos a cambiar para ponerse en los pies del prójimo; se le conoce como empatía. Aunque es deber de los trabajadores de la salud respetar y hacer valer la vida de su semejante haciendo uso de los pilares de la bioética, es importante reconocer que estos mismos trabajadores son personas también. Personas que quisieron dedicar su vida a la protección de quien la necesita. La relación médico-paciente, por dar un ejemplo, ha sido mermada por el paso del tiempo y es esta merma la que nos ha dirigido como humanidad a crear prejuicios en nuestras mentes sobre el que se encuentra frente a nosotros. Entonces, ¿la relevancia? No es una defensa explícita hacia quienes se consideran como colegas en el área de salud, aunque así lo parezca. Esta situación es fácilmente extrapolable a cualquiera que se presente en nuestro día a día; no sólo la relación médico-paciente está dañada, todas las relaciones han sufrido cambios. Cambios que ocasionan que nuestras conexiones con nuestro alrededor dejen de ser enlaces fuertes y cercanos y que cada vez nos alejan más el uno del otro.

La unión hace la fuerza, se ha visto su poder en crisis como la que vivimos actualmente en donde protegernos mutuamente asegura que sobrevivamos. Situaciones como esta son las que nos permiten reflexionar sobre nuestra manera de vivir la vida y nos permiten identificar el momento preciso en el que ésta debe ser modificada. Es tiempo de ser verdaderos representantes de la raza humana y de ver por el bienestar del de al lado. En cita al escritor Alejandro Jodorowsky: “No son las perlas las que hacen el collar, es el hilo que las mantiene unidas”. Lo dije una vez y lo repetiré cuantas sean necesarias… Por eso nos cuidamos entre todos, porque al decir “todos” me incluyo; porque estaré bien a consecuencia de que el resto esté bien. Cuídame, que yo cuidaré de ti.

Por: Leonardo Zuazo

Leonardo Zuazo es un estudiante de medicina del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Agradecido con la vida y motivado por vivirla; la salud es su pasión y está determinado a ayudar a las demás personas a mejorar sus hábitos compartiendo el conocimiento que adquiere día con día. Empatía, paciencia, transparencia y esfuerzo cotidiano son los valores con los que ha pavimentado el sendero por el cual camina y sobre los cuales cimienta los pilares de su formación académica y profesional. Con ideas revolucionarias y novedosas busca tomar conceptos abstractos de la medicina y transformarlos en ideas digeribles para el lector que le sean de utilidad para comprender la manera en la que existe y convive con su entorno.

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