Pérdida, duelo y adaptación

Durante los últimos meses hemos pensado, escuchado, leído y platicado un interminable número de veces sobre la situación de pandemia que estamos viviendo. Cómo llegó a nuestras vidas, lo que ha provocado en nuestras rutinas diarios, cómo nos ha hecho sentir el aislamiento y encierro; pero… ¿qué hay de sus consecuencias?

La mayoría de las estadísticas mundiales nos muestran los números de cuantas personas contagiadas y el porcentaje de éstos que, desafortunadamente, han perdido la vida a causa de esta enfermedad. Hemos hablado y escuchado tanto de muerte durante los últimos meses que parece que la hemos normalizado y ha comenzado a formar parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo, no debemos olvidar que la pérdida de un ser querido es un evento importante y doloroso para todas las personas, y en algunos casos, un parteaguas en la vida de quien ha sufrido la pérdida.

Aunque las circunstancias alrededor de la pérdida pueden aminorar o modificar un poco el proceso, cuando un ser querido fallece o se aleja de nosotros de manera inesperada y dolorosa, necesariamente pasaremos por un proceso de duelo. El duelo tiene distintas etapas, todas con características específicas que ayudan a quien lo vive a sanar el “hueco” de la pérdida y lograr una buena adaptación a tener que vivir la vida sin aquello que se ha perdido; éstas se presentan casi siempre en el mismo orden y tienen características muy similares para casi todas las personas:

  1. Negación: rechazamos lo que ha sucedido o nuestros propios sentimientos y emociones al respecto como un mecanismo de defensa.
  2. Ira: buscamos culpables. No importa si es a nosotros mismos o a alguien de nuestro entorno, el punto es señalar a alguien y responsabilizarle por lo sucedido.
  3. Negociación: la pérdida se encuentra en su punto consciente más doloroso y para deshacernos de esas emociones desagradables nos disponemos a negociar con todo lo que tenemos disponible.
  4. Depresión: nos “rendimos” ante la pérdida y asumimos la tristeza. Esta etapa se vive con emociones largas y profundas, de las cuales en ocasiones parece que no hay escapatoria.
  5. Aceptación: el dolor se ha ido y podemos empezar un nuevo camino, obteniendo aprendizajes sobre lo sucedido e incorporándolos a nuestra nueva vida.

Es importante mencionar que no todas las personas viven las etapas del duelo de la misma manera y mucho menos con la misma intensidad, sin embargo, para que un duelo sea sano sí es necesario que se presenten todas las etapas.

            En ocasiones, cuando no se tiene un trabajo o inteligencia emocional adecuados la persona se puede “estancar” en una de las etapas y caer en un proceso de duelo patológico; en estos casos es necesario acudir a un profesional de la salud mental para obtener el apoyo y guías adecuados para lograr finalizar las etapas restantes. Sin embargo, aunque los teóricos dicen que el proceso completo puede durar hasta 6 meses, no hay un tiempo determinado en el cual se tenga que vivir cada una de las etapas, así que si crees que has estado mucho tiempo en alguna de ellas, no te preocupes, siempre y cuando veas que has ido avanzando (aunque lentamente) por cada una de ellas.

            Y siempre recuerda: esta es la primer pandemia que hemos vivido la mayoría de nosotros así que no tienes que hacerlo todo perfecto, por ahora, solo tienes que sobrevivir.

Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.

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