Inmunidad

Soy inmune a muchas cosas. Tú también lo eres. Podría sonar como un súper poder digno de ser presentado en la pantalla grande, y efectivamente lo es, sin embargo la inmunidad es una característica esencial con la que contamos los seres vivos para poder sobrevivir; más allá de la ciencia ficción.

En el caso específico de los humanos, contamos con dos tipos de inmunidad: innata y adquirida o adaptativa. La primera es increíble, se trata de nuestros mecanismos de defensa provistos desde el nacimiento; lo que nos permite sobrevivir cuando somos unos indefensos bebés y hasta que el tiempo se encarga de darle fin a nuestros días. La inmunidad innata está conformada por murallas anti-amenazas que los peligros del ambiente deben atravesar una por una para poder lograr el cometido de hacernos daño; estas murallas son nuestra primera y más rápida forma de contrarrestar un ataque y se contabilizan desde las barreras físicas que impiden el paso de microorganismos hacia nuestro interior, como los vellos que hay dentro de las fosas nasales, hasta células muy especializadas con propósitos específicos: identificar, atacar y exterminar cualquier extraño que toque a la puerta de nuestro cuerpo. Como la gran mayoría de conceptos descritos por la medicina actual, cada una de estas células cuenta con su nombre propio. Los macrófagos y células dendríticas son especímenes encontrados por todas partes de nuestro organismo que literalmente degluten o, en su tecnicismo, fagocitan cualquier ente extraño que resulte más pequeño que ellos, como una bacteria o un virus. En este punto resulta importante resaltar que los macrófagos viajan por el torrente sanguíneo en forma de otro tipo de célula conocida como monocito y no es hasta que se implantan en algún tejido con alta amenaza, como el tracto digestivo o los pulmones, que se convierten en los poderosos fagocitos anteriormente descritos.

Mastocitos, linfocitos TNK (Natural Killers o Asesinas Naturales, sí ese es su nombre), eosinófilos, basófilos y neutrófilos; todos estos nombres completan el resto de células que están incluidas en la inmunidad innata, dando un total de 7 tipos celulares distintos dedicados en tiempo completo a patrullar por nuestra sangre para proteger el cuerpo. Estos últimos cinco logran su cometido identificando patrones de daño en los diferentes tejidos del cuerpo o detectando patógenos que lograron atravesar las primeras líneas de defensa y posteriormente secretando ciertas sustancias que ayudan a eliminar el daño y la amenaza. Cada una de estas células tiene objetivos distintos. Por dar algunos ejemplos, los TNK pueden ser encontrados eliminando células propias que hayan sido previamente infectadas o células que hayan mutado, los neutrófilos son mediadores de la inflamación en los tejidos y los eosinófilos principalmente se encuentran en presencia de helmintos o gusanos en el organismo, las conocidas “lombrices en la panza”.

La inmunidad adquirida, como su nombre lo infiere, es la que día con día alimentamos por el simple hecho de existir y cuando somos expuestos ante algún microorganismo; aprendemos a defendernos. A ésta la conforman cuatro tipos de células muy importantes para nuestra supervivencia: linfocitos TCD4 o cooperadores, linfocitos TCD8, linfocitos Treg y linfocitos B. Los linfocitos Treg, se ha descubierto, son los REGuladores del resto de linfocitos T y son objeto de muchos estudios nuevos actualmente.Abriré un pequeño paréntesis para aclarar que todos los que tienen la palabra “linfocitos” como primer nombre, sumados a los macrófagos, neutrófilos, basófilos y eosinófilos son el grupo de células a las que coloquialmente se les conoce como glóbulos blancos y son generados en la médula de los huesos; eso que disfrutamos al comer tuétanos.

La manera en la que funciona este tipo de inmunidad es sumamente compleja química y molecularmente, pese a esto intentaré resumir todo el protocolo que las células deben seguir para poder mantenernos a salvo. Cuando una bacteria, por ejemplo Streptococcus pyogenes (bacteria que comúnmente coloniza la faringe), es encontrada dentro del cuerpo es reconocida por los linfocitos TCD4. ¿Reconocida? ¿La habían visto antes? Bueno, ¿recuerdas a los fagocitos? Además de engullir patógenos, dentro de sus habilidades se aprecia una capacidad casi exclusiva: pueden tomar una pequeña parte de lo que absorbieron y presentarla a los TCD4 en un mecanismo denominado presentación de antígenos (antígeno es como se le conocerá a esa pequeña parte de bacteria). Gracias a esto es que estas células “aprenden” cómo luce la bacteria y cuando vuelve a aparecer por sus territorios (dentro de nosotros) la reconoce y actúan en su contra inmediatamente. La forma en la que hacen su trabajo es pidiendo soporte, son algo así como el vigía que toca el cuerno para advertir a los pobladores del peligro. Una vez que alertaron sobre la situación, al lugar llegan los linfocitos TCD8, también llamados citotóxicos por su capacidad de dañar directamente a los microorganismos hasta la muerte. Y así es como nuestro sistema inmune puede erradicar a los patógenos peligrosos.

¿Y los linfocitos B? Éstos son mis favoritos. Después de madurar en la médula ósea sufren un proceso denominado activación; esto quiere decir que los linfocitos TCD4 les muestran el pedazo de estreptococo, por seguir con el ejemplo del párrafo anterior, y los B lo memorizan, luego se implantan en órganos linfoides específicos que tenemos como los ganglios y el bazo y se diferencian o “evolucionan” en células plasmáticas; algo parecido a lo que hacen los monocitos y los macrófagos. Las células plasmáticas se dedican a producir los famosos anticuerpos en grandes cantidades. Éstos son proteínas que, después de que la señal de alarma se ha dado, como piezas de rompecabezas embonan en el pedazo de bacteria que memorizó el previo linfocito B, haciendo así que el reconocimiento y ataque por el resto de las células sea mucho más rápido y eficiente. Incluso antes de que se nos haya provocado daño alguno: inmunidad. También pueden fungir como células presentadoras de antígenos; en lugar de diferenciarse en plasmáticas, pueden sólo dedicarse a entrenar linfocitos T mostrándoles el antígeno que memorizaron y obteniendo con esto filas y filas nuevas de combate. Los generales del ejército que conocemos como sistema inmune.

Con el paso del tiempo y gracias al desarrollo de la medicina, los humanos hemos evolucionado a tal grado de poder descubrir y describir procesos complejísimos como el que hace funcionar nuestras defensas. En cuanto al virus que últimamente ha logrado ganar algunas batallas en contra de nuestra raza podemos preguntarnos: ¿Qué nos espera en el futuro? Quizá encontremos una vacuna que lo erradique como hasta hace poco al virus del sarampión. ¡Quizá regrese en un nuevo brote como hasta hace poco el sarampión por no usar esa vacuna! Quizá sea un virus que regrese continuamente, convirtiéndose en una enfermedad estacionaria como la influenza y tal vez, como en el caso de la influenza debamos vacunarnos año con año en su contra. En realidad no lo sabemos aún… Esas son preguntas que sólo el mismo tiempo podrá responder. Por lo pronto, a seguir esperando.

Por: Leonardo Zuazo

Leonardo Zuazo es un estudiante de medicina del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Agradecido con la vida y motivado por vivirla; la salud es su pasión y está determinado a ayudar a las demás personas a mejorar sus hábitos compartiendo el conocimiento que adquiere día con día. Empatía, paciencia, transparencia y esfuerzo cotidiano son los valores con los que ha pavimentado el sendero por el cual camina y sobre los cuales cimienta los pilares de su formación académica y profesional. Con ideas revolucionarias y novedosas busca tomar conceptos abstractos de la medicina y transformarlos en ideas digeribles para el lector que le sean de utilidad para comprender la manera en la que existe y convive con su entorno.

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