Esteroides

Verse y sentirse fuerte provee al ser humano de lo necesario para que varias de las esferas y facetas que lo conforman se vean ampliadas. Desde el incremento en el sentimiento de autoestima que este estado físico puede generar, exacerbando la parte psicológica y social de una persona, hasta las habilidades cotidianas que conseguirlo te puede asegurar, como el no cansarte al subir las escaleras o saltar sobre un charco para subir a un auto; todas son ventajas por las que es conveniente ser un humano fuerte (y recalco, físicamente). Pareciera que estar en “buena forma” debiera ser nuestro estado natural normal. ¿Será por eso que, me atrevo a generalizar, todos alguna vez lo hemos puesto dentro de nuestra lista de deseos de Año Nuevo? Probablemente sí. Muy probable es que por lo mismo algunas personas busquen ciertos atajos para lograr esta meta lo antes posible. La pregunta entonces es: ¿qué tan conveniente resulta? Esta semana hablaré sobre una de las formas más conocidas de acortar el camino rumbo a un cuerpo fuerte; los esteroides.

Estas sustancias en absoluto son malas ni deben ser etiquetadas con adjetivos calificativos negativos que hagan lucir a quienes las utilizan como tramposos o mentirosos (salvo que estén compitiendo contra quienes no hagan uso de ellas porque las reglas de la competencia especifiquen claramente que son prohibidas, claro). Por el contrario, los esteroides son moléculas orgánicas que nuestro cuerpo produce todos los días, todo el tiempo. Numerosos ejemplos de este tipo de compuestos son utilizados como hormonas; lo que tienen en común es que todas son derivadas del colesterol, así es… el colesterol también es bueno; lo necesitamos para existir, pero no en exceso. Cortisol, aldosterona, testosterona y estrógenos son ejemplos de algunas de las hormonas esteroideas.

Los esteroides también pueden utilizarse con fines medicinales, algunos son muy útiles por su actividad como antiinflamatorios. En general pueden usarse en enfermedades como el asma o afectaciones autoinmunes como artritis, lupus o enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa (estas últimas dos son enfermedades inflamatorias intestinales). Tiene sentido, si provocan un efecto que desinflama, podrán ser útiles en casos de inflamación; de hecho, han sido probados como posible tratamiento para la COVID-19 de la que tanto se ha hablado.

Pero entonces, ¿cómo es que fisicoculturistas, deportistas, y personas en general (de ambos sexos biológicos) los utilizan para aumentar su masa muscular? Para este propósito se deben usar los famosos esteroides anabólicos. Compuestos sintéticos cuyo fin es estallar el metabolismo de quien los consume para que aproveche todos los nutrientes que recibe y haga que los músculos crezcan y la grasa desaparezca. Es imperativo mencionar que no solo es necesario consumirlos y ya; no es mágico. Se deben acompañar de una alimentación completa y una rutina de ejercicio fuerte… Funcionan como un “empujoncito”, pero no hacen todo el trabajo. Generalmente este tipo de sustancias provienen específicamente de la testosterona, versiones sintéticas de la misma. Esta es una hormona que producen los del sexo masculino en grandes cantidades y las mujeres en menor proporción. Se ve involucrada en varios de los procesos hormonales que ambos sufren día con día. Algunos de los ejemplos más comunes son el Anadrol (oximetolona), Winstrol (estanozolol) o el Dianabol (methandrostenolona).

¿Sirven? Por supuesto. Son altamente efectivos; el problema con ellos es la gran cantidad de efectos secundarios que provocan. Como es algo que nuestro organismo ya produce de por sí, al momento de incrementar sus niveles dentro del cuerpo de manera externa ocurren cambios en el sistema completo. El cuerpo está acostumbrado a producir cierta cantidad de hormonas y es tan inteligente que funciona mediante una retroalimentación negativa; es decir, si se detecta que hace falta testosterona, el cuerpo la producirá y en cuanto deje de ser necesaria, parará la producción. Lo hace con base en las necesidades de cada persona en cada momento. Es por esto que se afecta el algoritmo: si todo el tiempo hay testosterona al por mayor, el cuerpo dejará de producirla porque no detecta que hace falta… porque pues literalmente no hace falta; la persona la está consumiendo por fuera. Este cese en la producción, con el tiempo, puede provocar que se atrofie la máquina productora y ya no pueda producir en el futuro. Algunos de estos efectos secundarios son el acné, en adolescentes el retraso del crecimiento (por antagónico que parezca), problemas cardiacos, renales y hepáticos, caída del cabello, encogimiento de los testículos, infertilidad y en las mujeres cambios en el ciclo menstrual y algunos síntomas de virilización. Incluso se han visto casos en los que estas sustancias causan adicción entre sus consumidores, incrementando todos los efectos negativos que se puedan presentar.

Claro que puede ser que no se sufra de ningún efecto secundario, pero pues como dice el refrán, “el que juega con fuego puede quemarse”. Lo importante es aunque sea estar bajo la guía de un profesional de la salud que conozca cómo funcionan los ciclos de altas y bajas hormonales por los que una persona puede pasar para que no se sufra daño y que además esté al pendiente del proceso y el progreso de la misma. Aunque no utilizarlos será una mejor opción siempre, en mi opinión.

Tomar una decisión con la mente informada permitirá que el proceso de elección sea más óptimo ¿Vale la pena? Esa respuesta es individual, los efectos negativos en realidad sí pueden ser “cancelados” por los efectos positivos, dependiendo obviamente de la mentalidad y la filosofía de vida que cada persona tenga y represente. Es cuestión de poner en una balanza las ventajas y las desventajas que su consumo conlleva y decidir qué es lo que más conviene para tu desarrollo personal.

Por: Leonardo Zuazo

Leonardo Zuazo es un estudiante de medicina del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Agradecido con la vida y motivado por vivirla; la salud es su pasión y está determinado a ayudar a las demás personas a mejorar sus hábitos compartiendo el conocimiento que adquiere día con día. Empatía, paciencia, transparencia y esfuerzo cotidiano son los valores con los que ha pavimentado el sendero por el cual camina y sobre los cuales cimienta los pilares de su formación académica y profesional. Con ideas revolucionarias y novedosas busca tomar conceptos abstractos de la medicina y transformarlos en ideas digeribles para el lector que le sean de utilidad para comprender la manera en la que existe y convive con su entorno.

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