El trabajo doméstico y de cuidados

A lo largo de la historia, el trabajo del hogar y de cuidados había sido considerado cómo un sector “improductivo” en la economía en casi todos los países a finales del siglo XVIII. En esa época, estaba muy inmersa la percepción sobre el trabajo, asociada con el mercado y el salario. Esto ocasiono que los grupos vulnerables que se dedicaban a las labores domésticas (en especial mujeres) se demeritaran económicamente con la industrialización. Además esto las llevo a ser un grupo invisibilizado durante mucho tiempo, en donde sufrían abusos y maltratos por parte de sus empleadores o familiares.

Desafortunadamente en nuestro país existen alrededor de 2.3 millones de mujeres que se dedican a las labores domésticas y que trabajan en condiciones de informalidad según datos de la revista Contralínea. En otras palabras no cuentan con un salario justo, un horario de trabajo fijo y también no tienen acceso a las prestaciones del seguro social. Por otra parte, aún existen prejuicios muy arraigados sobre el trabajo doméstico, uno de ellos es que las mujeres están mejor preparadas para llevar a cabo dichas tareas del hogar, pero eso es totalmente falso. Este erróneo razonamiento se originó por prácticas y costumbres sociales que sólo cimentaban la opresión hacia la mujer.  

Esto provocó que las autoridades mexicanas reaccionaran en defensa de los derechos de las trabajadoras domésticas. Y en junio del 2011, se firmó el Convenio 189 SOBRE EL TRABAJO DECENTE PARA LAS TRABAJADORAS Y LOS TRABAJADORES DOMÉSTICOS. Este acuerdo tiene la intención de reconocer los derechos laborales, al igual que la incorporación a la seguridad social de las personas que se empleen a estas actividades. Otra medida que se ha implementado es la creación del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar A.C (CACEH) en la cual su finalidad es orientar y fortalecer el liderazgo  a los empleados del hogar. Sin duda alguna, estas decisiones son un gran paso para erradicar la violencia y la discriminación que este sector ha vivido.

A pesar de que las medidas adoptadas son un gran avance, se tiene que seguir promoviendo la formalización de este empleo, así como el acceso a la protección social. Al igual creemos que se pueden implementar  otras políticas adicionales para la regulación de este mercado de trabajo. Por ejemplo: Promover  e incentivar con estímulos fiscales a los patrones que empleen a estas trabajadoras y así evitar su informalidad. Es decir, tú contratas a una trabajadora doméstica, le brindas el acceso a las prestaciones de ley y el pago que le generes se pueda hacer deducible de impuestos a ti como patrón.

Para concluir, es importante dimensionar las responsabilidades que esta labor conlleva. En algunos casos aparte de los servicios de limpieza, tienen que atender al cuidado de adultos de la tercera edad e infantes, por eso era necesario y urgente que se adoptaran estas medidas en el desarrollo y liderazgo de estas personas,  así como romper esos paradigmas que aún tenemos estigmatizados  como sociedad acerca de este trabajo.

Por: Enrique Misael Garduño Pérez

Enrique Misael Garduño es egresado de la Licenciatura en Contaduría por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, actualmente se desempeña como auditor en la firma BHR XLNC MEMBER OF GLOBAL ubicada en la Ciudad de México. Todos en algún momento de nuestras vidas hemos reflexionado sobre los diversos problemas que afectan a nuestro país, que los origina y como poder  solucionarlos. Es por ello que Enrique a través de sus palabras busca reflejar las adversidades que millones de mexicanos viven y sufren en su día a día. Concientizar sobre la desigualdad social no es una tarea fácil, pero sin duda alguna esta lucha está encaminada en proteger a aquellos que se han quedado sin voz, a los que defendieron sus derechos y se los arrebataron de manera injusta y así poder ser esa luz que los guíe hacia una vida digna.

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