Dos Realidades

En el método científico uno de los pasos fundamentales es la observación de los hechos para después sistematizarlos, ello sin interferir en el proceso, acaso más como un simple espectador, esto tiene como objetivo que el fenómeno que se estudia no sea contaminado por la interacción del investigador.

Con ello en mente dedique esta semana a no escuchar noticias más allá de consultar las cifras del COVID-19 en la página de la Universidad Jonhs Hopkins, la cual realiza un conteo en tiempo real de todos los casos a nivel mundial.

La otra tarea que me impuse fue la observación diaria del comportamiento de mis vecinos y conocidos a través de mi ventana y durante mis pocas salidas al mercado y banco.

La verdad lo que observo me deja un sabor agridulce en la memoria.

Esta semana fallecieron dos personas cercanas a mi familia por la enfermedad de moda, y reconstruyendo sus andanzas me percato que no las mato el COVI-19 sino la imprudencia, el hambre y la necesidad.

Mientras en mi colonia, una colonia popular en proceso de gentrificación, hay una dicotomía entre sus poblaciones, una encerrada, consiente y responsable, y otra profundamente irracional, pues mientras unos vecinos se protegen y protegen a los demás, otros simplemente viven en otra realidad.

La realidad en la que la enfermedad no existe, no les toca, no les importa, y no hablamos de falta de dinero para encerrarse o comprar insumos de protección.

Hablamos de simplemente existir en una realidad en la que no parecen vivir en México, en una zona de alto riesgo de contagio, o en tiempos del Coronavirus.

Incluso pensé que se habría roto uno de esos portales interdimensionales y que solo yo podía ver las dos realidades, una donde hay enfermedad y otra donde el mundo sigue su curso, inalterable.

Familias enteras paseando en la calle, sin protección, vecinos teniendo fiestas y reuniones, la calle llena de personas, negocios abiertos, gente trabajando sin preocupación.

Y mezclándose entre ellos, personas solitarias con un cubre bocas y caminado con prisa, como huyendo de una manada de coyotes, repartidores presurosos por completar más entregas, vecinos asomando su cara por las ventanas.

Pienso en mi familia rasguñada por esta enfermedad de no que no logramos salir intactos.

La realidad es un sartenazo en la cabeza para los necios.

Y mientras a nivel mundial los muertos siguen acumulándose, mi ejercicio de observación me deja más preguntas que respuestas.

¿Esta enfermedad de verdad existe?

¿Seré inmune?

¿Acaso será mejor dejar que se mueran los que se tengan que morir, y los queden reconstruir a partir de allí?

Y concluyo que es muy pronto para saber cómo terminamos este año, que las cifras no se detendrán en un tiempo y que es difícil sistematizar un comportamiento irracional en una época en la que la ciencia te permitiría vivir al menos 100 años.

La naturaleza es caprichosa y la realidad es cruel.

Por: Netzahualcoyotl Paredes

Periodista, Fotógrafo, Gamer, Lector y Cinéfilo.
Presente en medios de comunicación desde el siglo pasado.
Ganador del Premio México de Periodismo en 2015.
Siempre busco pero no encuentro…

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