¿Dónde estaremos?

¿Qué pasaría si un día nos despertamos y no encontramos a nuestros seres amados o a nuestros seres queridos?

Creo que muchos coincidiríamos en que buscaríamos hasta en el último lugar en el mundo. Buscaríamos respuestas sobre su paradero, sobre qué pasó para que no estuvieran a nuestro lado.

Ahora bien, ¿qué pasaría si nadie nos hace caso, si menosprecian nuestras necesidades?, lo peor es, que no hay autoridad que nos apoye en dar respuesta a nuestros reclamos. Que cada vez que hablemos de la necesidad de atención en el tema, solo seamos ignorados.

Pasan las horas, los días, las semanas, los meses y los años y continuamos sin saber qué pasa con nuestros seres queridos.

Incertidumbre, impotencia, desesperación, enojo, ira, y esperanza, son los sentimientos que nos persiguen día con día. Esperando que cada nuevo día sea el día en que sabremos qué ha pasado con nuestros padres, hermanos, hermanas, hijas hijos, primos, primas, amigas, amigos, vecinos…

Esto sólo es una descripción vana de lo que viven miles de personas en el país, quienes desconocen el paradero de sus familiares. Desde 1964 se han contabilizado 73 mil 201 personas que están sin localizar. Esto según la última cifra ofrecida por el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas. Un 75% de ellos tienen entre 15 y 30 años.

La juventud está desapareciendo, fue una de las frases dichas por la comisionada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, Karla Quintana.

Los distintos grupos y comités de búsqueda, son un reflejo del poder de la ciudadanía y la esperanza, pero ¿qué hay de aquellos de los que no se tiene registro?

Éstos datos pertenecen únicamente a las personas bajo la etiqueta de desaparecidas, sin embargo, éste no es el único problema del país.

El apoyo se puede brindar desde la empatía, tratar de entender los movimientos, manifestaciones, marchas y demás acciones civiles.

La violencia no tiene cara ni género.

Ameyalli Amador @AmeyalliAmador

Por:  Ameyalli Amador

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.

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