Decirnos adiós

Por: Abril Atziri López de la Mora

¿Cómo te despediste hoy de la última persona que viste? ¿recuerdas como dijiste adiós a tus compañeros de oficina, a tu grupo de amigos al salir del bar o al terminar la jornada de clases? ¿recuerdas como son los abrazos, el odioso beso en la mejilla o el choque de puños? Suena a frase armada, pero no teníamos idea de todo el tiempo que pasaría antes de volver a tener contacto físico con nuestros afectos; 15 días parecían lejanos, eternos, ahora llevamos más de 50 y decidimos dejar de contar.

Siempre he pensado que no debemos permanecer enojados mucho tiempo con alguien, no salir de casa azotando la puerto después de maldecir; tal vez sea porque cuando era niña mi papá enfermó y todos los días me decían “tal vez muera hoy” así que me acostumbre a la impermanencia, puede sonar como un triste recuerdo, pero no lo es; aprendí a mostrar mi afecto, aunque exagerado para muchos, liberador para mí, gozo de saludar y despedirme de la gente efusivamente, abrazar aunque al otro no le gusten los abrazos y gritar del otro lado de la acera para asegurarme de que me noten.

Decir adiós se volvió un acto cotidiano, de acuerdo a su etimología significa “a Dios encomiendo tu alma”, es decir que independientemente de las creencias deseamos de corazón que la persona de la que nos despedimos estará protegida de todo peligro, lo que garantiza que la volveremos a ver; por lo tanto, decir adiós es tener la certeza de que la ausencia es temporal.

Una parte dolorosa de la muerte de un ser amado es la imposibilidad de despedirse o que la última conversación no haya sido agradable; tenemos derecho a enojarnos, a reclamar, a pedir respeto y pelear por nuestros derechos pero el lenguaje no es inocente, le lenguaje crea realidades; despídete siempre con amor, puede que sea la última vez que puedas decirle algo bello a una persona, no te quedes con deudas del alma o el corazón, no temas mostrar tu afecto, no importa la forma, tal vez no te gusta abrazar o besar, pero si escribir, preparar una cena, dedicar una canción, regalar un risa, hacer un favor sin petición.

Y si por salud o por amor tienes que decir un adiós liberador, hazlo con honestidad, no dejes deudas, aleja el rencor pues como bien lo dijo el maestro Gustavo Cerati “Poder decir adiós, es crecer”

Sean felices.

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