Clitoridectomía, escisión o infibulación

Hace unos días una noticia internacional me llamó la atención. Es un tema delicado, y que sucede no sólo en países al otro lado del mundo, sino que se ha tenido récord de su existencia en el continente americano, con prácticas en algunas comunidades de Sudamérica y Estados Unidos. Su práctica se debe a temas religiosos y culturales, pero se convierte en un tema delicado y que se busca prohibir no solo por las repercusiones psicológicas sino por los riesgos sanitarios e incluso el riesgo de muerte que conlleva.

La gran noticia fue que el gobierno sudanés se dispone a aprobar una ley para criminalizar la mutilación genital femenina (FGM por sus siglas en inglés). Con este acto, Sudán se abre un paso más a la democracia y muestra una transición que se solidifica en el respeto y vela por los Derechos Humanos Fundamentales. Este avance legal e institucional como cualquier avance social, no nos garantiza la erradicación de la práctica de buenas a primeras, pero sí una disminución en la misma.

Para saber el porqué se busca erradicar ésta práctica, debemos ponerla en contexto y explicarla de manera concisa. Sabemos que existen prácticas sociales, culturales y religiosas por las que se hacen trasformaciones o alteraciones fisiológicas.

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En este caso, tomaremos de referencia una alteración fisiológica realizada a los hombres, de inicio por cuestiones religiosas y que, en la actualidad, si bien puede ser parte de la pertenencia al culto también se práctica de manera opcional. Incluso se han presentado estudios que aseguran que la práctica de esta cirugía tiene beneficios presentándose como un método para reducir el VIH de acuerdo con ONUSIDA, hablamos de la circuncisión.  Se busca que la práctica de la circuncisión sea voluntaria e informada, que quienes se sometan a éste procedimiento tengan el conocimiento que su vida y libertad sexual no se verá afectada, sino al contrario puede protegerlos.

Por medio de los compromisos que los países han adquirido incrementando el acceso de sus poblaciones a bienes, servicios e información relacionados con el VIH, como se manifestó en las convenciones en la Declaración de compromiso sobre el VIH/sida (2001) y la Declaración Política sobre el VIH/Sida (2006) se ha manejado el proporcionar los servicios de circuncisión masculina como una obligación del Estado. Sin perder de vista la voluntariedad de procedimiento y que, si bien tiene riesgos como cualquier otra cirugía, se ha comprobado que tiene beneficios y que incluso por recomendaciones médicas puede ser realizada.  

En el otro lado de la moneda, tenemos la Mutilación Genital Femenina, también llamada circuncisión femenina, que de entrada su nombre muestra la atrocidad que ésta conlleva. No tiene ningún beneficio médico, no hay ningún nivel de salubridad al hacerse, por lo que es muy probable que quien sufra de éstas prácticas si no muere de una infección, puede morir por ser desangrada. Y lo peor de todo, se vulnera la voluntad y decisión de las víctimas pues éstas, en su mayoría tienen menos de 5 años cuando son mutiladas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define que ésta práctica consiste en la escisión total o parcial de los órganos genitales femeninos o cualquier otra lesión de éstos por motivos no médicos.

Es decir, la práctica no tiene ninguna razón médica, de hecho es todo lo contrario, causa daños a corto y largo plazo. Quizá esta es una de las principales razones por las que los gobiernos a nivel internacional buscan erradicarla, pues el costo de esta práctica es voluminoso.

Hay testimonios de víctimas que nos relatan cómo esta práctica es hecha, en su mayoría como un rito de iniciación a la vida adulta. Continuamente podemos ver el dolor y la fuerza de las personas que se han atrevido a reconocer que una práctica que te hiere, te mutila y que te destroza por dentro y por fuera, no puede ser perpetuada.

Ahora bien, la existencia de la Mutilación Genital Femenina responde a tradiciones muy arraigadas y supone la antesala de otros problemas como el matrimonio forzado o los embarazos adolescentes. Ésta práctica representa una forma de control a la vida sexual femenina, y también es un claro ejemplo de la violencia e inequidad que se presenta entre hombres y mujeres en la actualidad.

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Sé que muchos se preguntarán, si ésta práctica es existente en Sudamérica y en Estados Unidos ¿Cómo afecta a México? Bueno, de primera mano es importante contar con la información de lo que pasa a nuestro alrededor, como experiencia personal, desconocía la existencia de la práctica hasta que tuve la oportunidad de escucharla de primera mano por una víctima ya hace unos años atrás.

Por otro lado, tenemos el tema de la cooperación internacional, es decir, si bien México no tiene la obligación de erradicar una práctica de la que no se tiene registros notables que se haga dentro del territorio, sí tiene la obligación de verificar el cumplimiento de los derechos humanos y de quienes le pidan ayuda en el ámbito. Cabe mencionar, que el que México no tenga registros notables en la práctica de la Mutilación Genital Femenina no quiere decir que aquí no se haga.

Por ultimo, nos encontramos que conforme a datos recabados por la Organización de las Naciones Unidas según una encuesta reciente de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) es la violencia y no la pobreza lo que hace huir a la gran mayoría de Refugiados centroamericanos que han llegado a México. En estadísticas 46% de los refugiados prefieren quedarse en México y 30% prefieren ir a EUA o a otro país. Lo que lleva al estado a una necesidad de, también, fortalecer el sistema de asilo.

La practica del cumplimiento de los Derechos Humanos no solo se basa en reconocerlos, sino en también identificar cuándo nos encontramos en una situación que esté vulnerando los Derechos Humanos. Es por ello, que el reconocer ofensas como la Mutilación Genital Femenina nos acercan un paso más en la búsqueda de la equidad, y la definición y protección de la dignidad humana.

Un paso para la dignidad, un avance para la humanidad.

¡Enhorabuena por Sudán!

POR: AMEYALLI AMADOR @amemassiel

Por: Ameyalli Massiel

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.

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