Autismo ¿Desadaptación o supervivencia?

El día de hoy estaba hablando con un par de adolescentes acerca del proceso de adaptación que ellas han experimentado a raíz de los cambios de estilo de vida que la pandemia nos ha llevado a todos a tener que experimentar. Una de ellas, intentando explicar la necesidad de espacio personal que ha experimentado, dijo que de pronto busca aislarse en casa y se vuelve un poco “autista”.

Ese comentario me hizo pensar en el, ya muy lejano, tiempo en que dedicaba mis días a dar terapia a niños con trastornos del espectro autista. Recuerdo claramente cómo mis amigos más cercanos y conocidos me expresaban que no alcanzaban a comprender muy bien mi amor a dar terapia a estos niños, cuando desde afuera parecía ser tan difícil. La verdad es que hay muchísima desinformación sobre el tema y esto ocasiona que como sociedad no seamos capaces de incluir y tratar adecuadamente a quienes viven con este diagnóstico. Por eso es que hoy hablaremos de los principales síntomas que podemos encontrar en un niño con algún trastorno del espectro autista:

  • Alteraciones en el lenguaje. La mayoría de estos niños tienen alguna dificultad en el lenguaje oral y muchos de ellos no alcanzan la verbalización en absoluto. Además, encontramos también ecolalias o alteraciones que hacen muy difícil la comunicación con otras personas.
  • Ríen sin motivo. Esto se debe a que su proceso cognitivo es muy diferente al que tiene el resto de las personas, por lo que en ocasiones estímulos medioambientales que podrían considerarse “irrelevantes” terminan llamando su atención e incluso les ocasionan risa.
  • Llanto o rabietas sin causa aparente. Nuevamente, ellos experimentan los estímulos externos de manera muy distinta a como lo hacemos los demás, por lo que estos “berrinches” casi siempre tienen una motivación subyacente que nosotros simplemente no identificamos.
  • Falta de contacto visual. Ésta es una de las características más importantes en quienes presentan algún trastorno del espectro autista. Incluso cuando hay interés en alguna persona u objeto, no voltearán a ver a la gente a los ojos, incluso cuando se les dirige para hacerlo.
  • Dificultad para relacionarse con otras personas. En quienes presentan estos trastornos encontramos muy poca respuesta hacia los estímulos del medio ambiente, incluyendo a otras personas. Al no responder a la presencia de otros se vuelve para ellos muy complicado poder establecer relaciones interpersonales.
  • Falta de empatía. Encontramos también una gran incapacidad de ponerse en los zapatos de otros, siendo muy común que no presenten ninguna reacción ante las necesidades emocionales de quienes les rodean.
  • Resistencia al cambio. Para las personas que viven con este trastorno las rutinas son parte esencial de su supervivencia; por lo que se resistirán de manera muy importante a hacer cualquier cambio mínimo en sus rutinas.
  • Apego inusual a los objetos. Recordemos que durante la infancia es normal y esperado que los niños tengan apego a un objeto que los hace sentir seguros. Sin embargo, en las personas con este trastorno el apego a los objetos se mantiene e incluso fortalece a lo largo de su desarrollo.
  • Conductas motoras repetitivas. Esta característica es mucho más común en los casos más graves y en ocasiones, puede incluso llegar a ser peligrosa, ya que las conductas repetitivas pueden ocasionar lesiones físicas.

Es importante mencionar que estos son algunos de los principales signos y síntomas del trastorno, sin embargo, aunque deben cumplirse ciertos criterios para poder hacer un diagnóstico, cada caso es único y todos presentarán diferentes síntomas y necesidades.

Como podemos observar, la mayor dificultad a la que se enfrentan las personas que viven con este trastorno es el hecho de poder lograr una adaptación social que pueda considerarse exitosa y les permita cubrir todas sus necesidades. Piénsalo, con la cantidad de problemas, dificultades y crueldades que hay en el mundo actual, ¿no te gustaría tener la capacidad de ignorarlo todo por completo? Imagina que puedes ser 100% feliz a tu manera, dejando entrar a tu mundo a las personas que solamente tú eliges y teniendo la capacidad de ignorar por completo absolutamente todo lo demás. A mí me parece que tal vez ser un poco autista de vez en cuando nos daría un gran toque de felicidad, ¿no crees?.

Por: Carmen Lizola

Egresada de la Universidad Panamericana. Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Organizacional. Maestra en Alta Dirección por la Escuela Bancaria Comercial. Apasionada del funcionamiento de la psique y comportamiento humano. Experiencia en el ámbito de la psicología clínica y organizacional, enfocada en la creación de estrategias globales de intervención; intervenciones realizadas tanto en el ámbito público como privado, con especial enfoque en la gestión de capital humano. Amante de la naturaleza, los animales y el mar.

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