Aquí no estoy

Por: Abril Atziri López de la Mora

“El gran confinamiento” nos ha impactado tanto por que nos dejó frente a frente con uno de nuestros mayores miedos: la soledad;  tuvimos que quedarnos solos, ya sea en casa con la familia, los compañeros de vivienda o incluso en una cuarentena individual; de pronto se nos quitó la posibilidad de protegernos del vacío con las plazas comerciales, las salas de cine, los mercados, las escuelas e incluso el lugar de trabajo; siempre teníamos un espacio para escapar de nosotros mismos; al principio los deberes atrasados, el acoplarnos al trabajo virtual, las ofertas del streaming, los libros apilados y el ejercicio atrasado representaron una excelente oportunidad para entretener a la mente, para obligarla a no observar que algo había cambiado; sin embargo, al paso de los días que se han hecho más largos e incontables, los distractores caseros perdieron su encanto y nos dimos cuenta que solo quedábamos nosotros frente a nosotros.

Es ahí cuando el miedo emergió en su esplendor, nos dio la bienvenida a nosotros mismos, de pronto tenemos que convivir con nuestros pensamientos, carácter, frustraciones, desamores, hastío y vacío; ¿qué hago conmigo? es la pregunta general, ¿en dónde me oculto de lo que habita en mí? La única salida coherente es enfrentarnos, darnos cuenta de lo que no nos gusta y trabajar en ello o al menos preveer el intento; ya que la enseñanza será mayor que el terror de “salir de nuevo”

Recordemos estos días, la cuarentena que dejó de contar los días, la soledad que nos obligó a hablar con nosotros mismos; recordemos el calendario que dejó de tener sentido, la fe con la que rezamos por las y los enfermos, el corazón roto por los que murieron; recordemos a los que arriesgaron su vida por salvar la nuestra, a quienes la necesidad no les permitió protegerse pero nos enseñó de solidaridad; recordemos que somos un suspiro y la vida breve; cuando «esto pase» Recordemos a profesionales de la medicina, agricultores, personal de seguridad, limpieza, mensajería, alimentos y todos quienes a pesar del riesgo nos permitieron protegernos; Recordemos y hagamos que las futuras generaciones sepan que todo cuanto conocíamos dejó de serlo y que sólo la Fe, el Amor, la Solidaridad, la Conciencia, la voluntad y la paciencia nos pueden salvar.

Sean felices.

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