Anfibología del Ejecutivo Federal

Al paso del tiempo se ha hablado de la violencia que se presenta día a día en este país. Hemos expuesto datos de lo que se aprecia como un problema latente desde el inicio de la cuarentena. No es la primera vez que se aborda el tema de la violencia en la presente columna. Recordemos que desde hace más de dos meses se tenía la preocupación latente en el aumento en casos de violencia doméstica.

Si bien es un tema del que su existencia y magnitud no está en duda, parece interesante que hayan aún personas que nieguen su existencia.

A group of people holding a sign

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A inicios del mes, la Secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, reconoció que la violencia contra las mujeres ha incrementado durante el confinamiento social y ello tiene parte de su explicación en la crisis económica, desempleo y hasta en la convivencia. En contraposición, el Presidente de la República, frente a lo comunicado por SEGOB, dijo que en su administración no advierte ningún crecimiento y dijo que así lo demuestran las denuncias. Ante estas declaraciones la CNDH alzó la voz y confirmó el aumento de la violencia doméstica por medio de un comunicado en el que dio a conocer el aumento de la cifra de mujeres asesinadas en el mes de marzo el cual cambió de 10.5 a 10.6 y que las llamadas de emergencia en el mes de confinamiento relacionadas con violencia familiar han aumentado registrándose cerca de 11 mil llamadas más a las registradas en enero y febrero del presente año.

Como segunda vez, hace una semana el Presidente refirió que el 90% de las llamadas sobre la violencia contra las mujeres son falsas. Inclusive, el mandatario negó que exista la violencia por confinamiento, y que haya aumentando durante la pandemia, ya que la familia mexicana es distinta a las de otros países, “siempre ha habido una convivencia en armonía”. Claramente ésta declaración, provocó la indignación de colectivos como la Red Nacional de Refugios AC, que aseguró que los datos no son falsos y que cientos de familias se encuentran en refugios protegiéndose en estos momentos. “¡No ver las violencias dejan feminicidios!», aseveraron.

Como tercer punto, tenemos lo dicho el martes de esta semana, en la que vuelve a emitir una falacia con respecto a la violencia doméstica, declarando que contrario a lo que sucedió o lo que está sucediendo, se pensaba que si se unían las familias iba a haber más violencia. Es un concepto que no aplica para México por las características de nuestras familias, que son distintas las costumbres, a lo que sucede en otras partes del mundo[…].

En estos tres episodios existen claros casos de falacias. La falacia es un argumento que parece válido, pero no lo es. Sin embargo, existen problemas para poder clasificarlas, pues en el estricto sentido, haciendo referencia a la investidura y al ejercicio de su función podemos encontrar un silogismo disyuntivo falaz, que consiste en la idealización de la familia mexicana, que presenta el mandatario, seguida de la negación de la violencia doméstica. Es decir, el afirmar que en la familia o núcleo familiar no hay violencia.

En este entendido, se niega la existencia de violencia doméstica y, si bien, afirmó la existencia de la violencia de género, con estas expresiones y comentarios menosprecia su impacto, problemática y existencia en el país, la cual ha sido evidenciada por asociaciones civiles y cuya problemática se encuentra dentro de la agenda de gobierno. En pocas palabras, este comentario que, si bien no fue emitido con ánimos degradantes, causa un gran retroceso en el reconocimiento de la violencia sistemática y normalizada que se ha presentado en los hogares fruto de las prácticas culturales, las cuales afectaban directamente a los hijos para su perpetuación.

En este aspecto es necesario tener en claro que la violencia no tiene grados, si bien la Fiscalía General de la República estableció un violentómetro, éste no clasifica los grados de violencia. De hecho, su existencia se convierte en una forma de concientización de la violencia que se vive día a día y que, por su extremado nivel de normalización, puede ser complicado de identificar. El violentómetro se convierte en un mecanismo que nos permite visualizar la evolución de los tratos violentos, más no otorga grados o desmerece los tratos.

Así pues, aún sin ser el 25 del mes nos encontramos en espera de las declaraciones sobre la violencia de género, los datos y cifras que se presenten. Esperemos que se reconozca de manera plena, por el poder ejecutivo, la existencia de la violencia doméstica para identificar las armas que se están utilizando para afrontarla.

Sin duda alguna, aún tenemos problemas para poder identificar los actos de violencia, pero eso no implica que no exista y que no se tengan las ganas de erradicarla.

Por: Ameyalli Massiel

Abogada y politóloga egresada del Tecnológico de Monterrey, con especial enfoque a temas de equidad, bienestar y derechos humanos. Se ha desempeñado como asistente de investigación en materia de Estado de Derecho, ética y violencia de género, con especial interés en protección de grupos vulnerables y de descubrimiento de las nuevas vertientes del derecho cibernético. Busca la activa de distintas disciplinas para generar políticas de bienestar. En la actualidad tiene en desarrollo estudios sobre la pobreza, el género y la tecnología como un posible factor de riesgo en la violencia de género.

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