“¿Ahora sí?”

Por: Abril Atziri López de la Mora

Nos dijeron que teníamos que construir un fondo de emergencia económica y no lo hicimos.

Nos recomendaron alimentarnos bien, hacer ejercicio y cuidar nuestra salud y no lo hicimos.

Nos invitaron a manifestar nuestros afectos, a decir lo que sentimos y no dejar para otro día las demostraciones de afecto y no lo hicimos.

Nos llamaron a tener al día nuestros documentos personales y trámites gubernamentales y no lo hicimos.

Nos dijeron que tuviéramos a tiempo proyectos, que el semestre se salvara en el primer parcial, que las metas se lograran en el primer trimestre y no lo hicimos.

No lo hicimos porque planeamos, pero nunca esperamos y lo que nunca esperamos llegó, se suspendieron los pagos y no había ahorros; la enfermedad llegó y el cuerpo no estaba preparado; nos quedamos con abrazos y besos en espera, dejamos una llamada pendiente y del otro lado de la línea ya no hay vida; no recuperamos la identificación perdida ni regularizamos el trámite que seguramente vendrá con problemas;  los objetivos se quedaron en planes, los proyectos ni siquiera comenzaron y el semestre es un fantasma.

¿Quién nos dijo que somos inmunes al destino? Vivimos como si nada pudiera salirse de control, como si siempre hubiera mañana. Durante meses pensé en pedirle un paseo en moto, hoy ya no tiene conductor; él pensó que su mejor amigo era eterno, ahora marca a un teléfono al que nadie contesta; cuando me enteré solo pude decir “él era la persona más buena del mundo” pero él nunca lo oyó… y así, muchos adioses sin respuesta, esquelas que parecen fotocopiarse para ahorrarse el dolor.

Nada será lo mismo, porque ya no somos lo que solíamos ser; estaremos incompletos pues aprendimos que los milagros no suceden sin esfuerzo, que la fe no es moda y que la vida no da tregua. ¿Pesimismo? No: aprendizaje; descubrimos que reaccionamos sin razón, somos incapaces de seguir instrucciones, negamos lo evidente, el egoísmo nos ciega, cuidamos nuestra despensa sin procurar el alma.

Esto es para algo, el encierro, la angustia, el dolor, la pérdida, el hambre, la desolación, el restaurante que no abrirá de nuevo, el emprendedor que perdió el sueño y el alma, el cambio de profesión forzado. Si seguimos siendo las mismas o los mismos nada habrá tenido sentido; no mires a la de junto, no mires al de enfrente, mírate al espejo y prométete que jamás tendrás que mirar a la muerte de frente para empezar a vivir.

Sean felices.

@abrilatziri

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