El Vacío

4:45 de la madrugada. Suena el despertador. Enciendo la radio para acompañarme de la música y romper el silencio que impera en mi habitación.

Ya son las 5 de la mañana e inicia el primer programa de radio. El conductor realiza un recuento de la macha del domingo. Se escucha la crónica de la reportera acompañada de las voces de las protagonistas llenas de dolor, enojo y llanto. Cada relato hace énfasis en la violencia, maltrato, golpes, humillación y lo peor: el asesinato.

Como todas las mañanas, empiezo a revisar los periódicos. Muchos de ellos, en primera plana, mostraban a las miles y miles de mujeres que salieron a las calles. Otros, utilizaron sólo letras o el símbolo feminista. Sin embargo, en todos, tenían impresos los colores morado y rosa.

Al hojearlos, varias planas estaban en blanco. Sí, esos espacios donde columnistas o articulistas suelen dar su opinión estaban vacíos. No habían escritos de Ana María Olabuenaga, Bárbara Anderson ni de Susana Moscatel en Milenio; Martha Anaya, Adriana Sarur, Verónica Malo Verónica Ortiz, Naldy Rodríguez, Linete Puente, Guadalupe González, Engge Chavarría y Rossana Ayala, de El Heraldo de México, no estaban y, en su lugar, espacios en blanco con el #UnDíaSinNosotras. Lo mismo ocurrió en El Universal con el lugar de Paola Rojas, Layda Negrete, Margarita Zavala e Irene Levy. En El Financiero, Lourdes Mendoza llenó su columna con ¡El nueve ninguna se mueve! y #UnDíaSinNosotras. En el Reforma lo mismo: Denise Dresser replicó el mensaje que las columnistas y articulistas anteriores.

El silencio de la madrugada se trasladó a los periódicos. No habían mujeres externando su opinión. En sus notas, algunas reporteras sólo escribieron el hashtag.

Pasan de las 6 AM. Cambio la frecuencia a W Radio para escuchar a Miss Warketin y a don Risco. No estaba la maestra Gaby. Javier, al hablar, hacia pausas prologadas a propósito para hacer notar la ausencia de esas voces calladas por la violencia y asesinatos. Sentí frío y escalofríos.

Horas después, me alisté para salir a la oficina. Tomé mi bici y emprendí camino. Pasé por varias escuelas y La Villa. Sin tránsito. Los camiones del Metrobús de la línea 7 y las estaciones estaban semivacías. No se vislumbraban las filas enormes de cada lunes. No se escuchaba la histeria de inicio de semana llena de claxons, ajetreo o prisa por llegar. El clima y la sensación eran extraños.

La bocina que cargo en la mochila sonaba mi playlist favorita: sones, jarabes y música oaxaqueña. Lila Downs, Susana Harp, Natalia Cruz y María Reyna me acompañaban a pesar del silencio del día. Recordé cuando las conocí y les externé mi admiración. No miento si les digo que se cristalizaron mis ojos al pensar que su música no existiría si ellas no estuvieran.

Al llegar a “La esquina de la información”, donde horas antes se habían congregado miles le contingentes de mujeres, ahora estaba desolada. En el piso y paredes se aprecian las pintas de protesta. Su voz impresa en la carpeta asfáltica y muros clama justicia ante la impunidad en casos de violencia y feminicidios.

Cuando llegué a la oficina no encontré a mis amigas. En “La casa grande” (como le decimos a su oficina), no estaban las chicas de diseño, la jefa de Vigi, la mera mera en datos ni la jefa, sólo cuatro chicos que ocupamos sus espacios para hacernos compañía y desayunar unos tamalitos.

Han pasado las horas y se nota su ausencia. Un vacío indescriptible que pesa, que te tumba, que estremece.

La reflexión está por demás.
Perdón a todas ustedes.
#UnDíaSinMujeres, nosotros, no seríamos nada.

Por: Raul Ortiz